Merece la Pena, fomentar la resiliencia para en enfrentarse a la adversidad

Actitud positiva ante las dificultades de la vida. El objetivo de la Fundación Merece la Pena es promover la resiliencia entendida como la capacidad de enfrentarse con éxito a acontecimientos adversos. Un mensaje que Ana Artázcoz, su presidenta, quiere transmitir a los más jóvenes como parte de una necesaria educación vital. “Los niños y las niñas agradecen mucho que se les hable de temas de los que se les suele proteger y se les ocultan, como es el dolor o la muerte”, explica. “Los menores necesitan vivenciar distintas situaciones adversas que los motiven a participar activamente, fomentando el cuestionamiento, la interacción y la experiencia”.

Un acercamiento que la máxima responsable de Merece la Pena realiza desde lo vivencial, a partir de su propia experiencia y la de su hermano Jorge Artázcoz Colomo, fallecido a los 41 años a consecuencia de una enfermedad degenerativa. Precisamente la Fundación nació como una manera de homenajear su memoria y su legado. “Es importante tener referentes de resiliencia desde la infancia”, indica. Por eso ha desarrollado recursos didácticos para apoyar y facilitar la labor docente y realiza encuentros en escuelas y colegios. También ofrece atención educativa para niños hospitalizados.

Así las actividades de la Fundación están organizadas con la finalidad de adquirir, desarrollar y aprender de forma teórico-práctica las cualidades resilientes adquiriendo los recursos y habilidades necesarios para afrontar la adversidad, adaptarse y recuperarse de traumas, estrés, enfermedades o otros momentos dolorosos.

La responsable de Merece la Pena reconoce que valoró otras opciones como crear una asociación, pero tras asesorarse vio que el modelo fundacional le permitía gestionar este patrimonio con una clara orientación social: promover la salud y el bienestar integral de la persona y educar en la resiliencia.

Para una fundación “muy pequeña” el hecho de pertenecer a la Asociación Fundaciones de Navarra le ofrece la gran oportunidad de aprendizaje y de conocer las dinámicas de organizaciones de mayor tamaño y de ámbitos muy diferentes.

Ana Artázcoz cree que hay historias que nos conmueven y motivan y que atraviesan las generaciones. Una de ellas es la de Dumbo, el pequeño elefante ridiculizado por sus grandes orejas y su aparente torpeza. Sin embargo, a partir de su amistad con el ratón Timothy, un animal al que resto de elefantes temen sin conocerle, comprende que su fuerza viene de su diferencia. Entonces aquello que parecía una adversidad, sus desproporcionadas orejas, son lo que le permite volar.

Lectora de Viktor E. Frankl, su libro “El hombre en busca de sentido” le marcó en profundidad, ya que propone el autoconocimiento para descubrir que aunque nosotros no esperemos nada de la vida, la vida espera algo de nosotros. Y que como el lema que da nombre a su fundación, siempre “merece la pena”.